Taller «Aprende a usar un telescopio» · Segunda Edición
Del taller al cielo: una noche de observación en Santa Rosa de Quives
La salida de campo permitió a los participantes enfrentarse a una verdadera noche de astronomía observacional: preparar los instrumentos, interpretar los pronósticos, reconocer el cielo, observar la Luna, Venus, estrellas y objetos de cielo profundo, y comprobar cómo la atmósfera puede modificar en pocos minutos un programa cuidadosamente preparado.
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La Tercera Edición del taller «Aprende a usar un telescopio» comienza el 7 de octubre. Solicita información sobre programa, fechas e inscripción.
Información sobre la Tercera EdiciónEl domingo 20 de septiembre de 2026 , los participantes de la Segunda Edición del taller «Aprende a usar un telescopio» realizaron su salida práctica de observación astronómica desde un centro de esparcimiento situado en Santa Rosa de Quives , en el valle del río Chillón, a aproximadamente 1100 metros sobre el nivel del mar.
La estación de observación comenzó a instalarse antes de la puesta del Sol. La práctica propiamente nocturna se desarrolló aproximadamente entre las 18:00 y las 21:00 horas.
Para la mayoría de los talleristas, esta fue su primera salida astronómica trabajando directamente con telescopios.
Era, por tanto, el momento de trasladar al terreno los conceptos estudiados y practicados previamente durante el curso.
La noche tuvo además una particularidad muy instructiva. Las condiciones iniciales permitieron desarrollar prácticamente toda la programación prevista, pero hacia el final de la sesión la neblina que afectaba la costa de Lima avanzó por el valle hasta alcanzar también nuestra estación, situada a unos 1100 m de altitud.
El episodio terminó poniendo en práctica otra de las grandes lecciones de la astronomía observacional: podemos preparar cuidadosamente una noche, pero siempre debemos estar dispuestos a adaptarnos a la atmósfera.
Una estación con diferentes generaciones de telescopios
La instrumentación principal estuvo constituida por varios Celestron NexStar 127 SLT , telescopios Maksutov-Cassegrain sobre monturas computarizadas GoTo.
Estos equipos permiten combinar el aprendizaje de la óptica tradicional con procedimientos de alineación, búsqueda automática y seguimiento de objetos.
Uno de los participantes llevó además su propio Celestron Schmidt-Cassegrain de 6 pulgadas , incorporándolo al trabajo de la estación.
De este modo, pudo aplicar directamente a su propio instrumento los procedimientos aprendidos durante el taller.
La salida se complementó con dos telescopios inteligentes: Seestar S30 Pro y Seestar S50.
Estos instrumentos representan otra manera de aproximarse a la astronomía amateur: la observación astronómica asistida electrónicamente.
Integran en un mismo sistema telescopio, cámara, montura, seguimiento, búsqueda automática y procesamiento digital, permitiendo acumular señal de objetos débiles que pueden resultar difíciles de apreciar directamente con el ojo.
El propósito del taller no es enfrentar una tecnología contra otra. Por el contrario, observar visualmente y registrar electrónicamente son experiencias complementarias.
Fecha: domingo 20 de septiembre de 2026.
Lugar: Santa Rosa de Quives, Lima, Perú.
Altitud: aproximadamente 1100 m s. n. m.
Horario: aproximadamente 18:00–21:00.
Telescopios: Celestron NexStar 127 SLT, Celestron Schmidt-Cassegrain de 6 pulgadas, Seestar S30 Pro y Seestar S50.
Luna: gibosa creciente, aproximadamente 70 % iluminada.
Condiciones iniciales: ausencia de precipitación, baja carga de polvo y aerosoles y muy buena estabilidad atmosférica.
Final de la sesión: ingreso de neblina hasta la estación de observación, impidiendo finalmente la observación de Saturno.
Antes de mirar las estrellas: interpretar la atmósfera
Una salida de observación no comienza al mirar por el ocular. Empieza antes, estudiando el pronóstico meteorológico y tratando de estimar qué tipo de cielo encontraremos durante la noche.
Para esta salida se compararon diferentes parámetros meteorológicos y astronómicos disponibles en Meteoblue.
Las previsiones eran, en principio, bastante favorables. No se esperaba precipitación y los modelos mostraban buena estabilidad atmosférica durante las horas principales de observación.
El pronóstico especializado para astronomía mostraba además valores de seeing particularmente favorables.
Se esperaba, por tanto, una atmósfera relativamente estable desde el punto de vista óptico, algo importante para conseguir imágenes telescópicas firmes y observar detalles finos.
Otro parámetro favorable era la relativamente baja presencia de polvo y aerosoles.
Una menor concentración de partículas suspendidas significa generalmente una menor dispersión de la luz y mejores posibilidades de mantener una buena transparencia, siempre que otros factores como la humedad o la neblina no terminen volviéndose dominantes.
Cuando cayó la noche
Al finalizar el crepúsculo, la estación quedó rodeada por las montañas de Santa Rosa de Quives.
Sobre los telescopios podía reconocerse una de las regiones más características del cielo de esta época: la constelación de Escorpio.
Comenzó entonces la parte más importante de la práctica: utilizar el telescopio bajo las condiciones reales para las que había sido diseñado.
Del sistema solar al cielo profundo
Durante la sesión se trabajó con objetos de naturaleza muy diferente, permitiendo comparar las técnicas necesarias para observar planetas, la superficie lunar, estrellas y objetos de cielo profundo.
- Venus. Su fase pudo ser registrada claramente durante la práctica.
- La Luna. En fase gibosa creciente, permitió estudiar relieve, cráteres, mares y la región del terminador.
- Alfa Centauri. Fue utilizada para practicar enfoque, centrado, seguimiento y observación estelar.
- La Nebulosa de la Hélice, NGC 7293. Fue registrada mediante observación electrónica.
- Otros campos estelares. Se utilizaron para ejercitar localización, orientación y seguimiento.
- Saturno. Estaba programado como uno de los últimos objetivos de la noche, pero la llegada de la neblina terminó impidiendo su observación.
Venus: ¿por qué vemos una fase?
Uno de los registros más didácticos de la jornada fue el de Venus.
En la fotografía, el planeta no aparece como un disco completamente iluminado, sino claramente en fase.
Las fases de Venus
Venus presenta fases por la misma razón geométrica por la que la Luna presenta fases: desde la Tierra observamos diferentes proporciones de su hemisferio iluminado por el Sol.
Venus gira alrededor del Sol por dentro de la órbita terrestre.
A medida que cambia su posición relativa respecto del Sol y de nuestro planeta, podemos verlo casi lleno, giboso, aproximadamente en cuarto o como un creciente cada vez más fino.
¿Por qué Venus parece tan pequeño comparado con la Luna?
Venus es físicamente mucho mayor que nuestra Luna.
Su diámetro real es de aproximadamente 12 100 km, mientras que la Luna mide alrededor de 3474 km de diámetro.
Sin embargo, el tamaño con el que vemos un objeto en el cielo no depende únicamente de su diámetro físico, sino también, y de manera fundamental, de su distancia.
La Luna se encuentra aproximadamente a unos 400 000 km de la Tierra, mientras Venus se encuentra a decenas de millones de kilómetros.
Por ello, aunque Venus sea físicamente mucho mayor, su diámetro angular resulta muchísimo menor.
La Luna ocupa aproximadamente medio grado en nuestro cielo, unos 30 minutos de arco.
Venus, dependiendo de su posición orbital, ocupa solamente unas pocas decenas de segundos de arco.
Por eso, a la misma escala angular, el disco lunar aparece decenas de veces mayor que el de Venus.
En fotografías independientes, además, intervienen la distancia focal, el telescopio, la cámara, el sensor, el recorte y el procesamiento aplicado a cada imagen.
Una Luna gibosa creciente dominaba el cielo
La Luna fue uno de los grandes protagonistas de la sesión.
Durante la noche del 20 de septiembre se encontraba en fase gibosa creciente, con aproximadamente 70 % de su disco visible iluminado por el Sol.
El terminador: donde el relieve lunar cobra vida
Para estudiar la topografía lunar, una de las regiones más interesantes es el terminador, la frontera aparente que separa el día de la noche lunar.
Cerca del terminador, los rayos solares llegan con un ángulo muy bajo, produciendo sombras muy largas.
Cráteres, montañas, paredes, crestas y elevaciones adquieren allí una apariencia casi tridimensional.
En el disco iluminado podían identificarse grandes llanuras basálticas oscuras, los llamados mares lunares, junto con extensas regiones de tierras altas densamente craterizadas.
Entre las grandes regiones visibles se encontraban sectores de Mare Imbrium, Mare Serenitatis y Mare Tranquillitatis.
También podían utilizarse como referencias cráteres particularmente notorios, como Copernicus y Tycho.
Una mirada ligeramente mineralizada
Otra versión del registro lunar fue procesada aumentando suavemente las diferencias cromáticas presentes en la superficie.
Este tratamiento, conocido habitualmente como procesamiento mineralizado de la Luna, permite destacar pequeñas variaciones de color demasiado sutiles para apreciarse fácilmente en una fotografía convencional.
Las diferencias cromáticas pueden relacionarse con variaciones en las propiedades y composición de distintos materiales superficiales.
Sin embargo, una Luna mineralizada no constituye por sí sola un mapa químico directo.
La Luna también iluminaba el cielo
Aquella noche, la Luna resultó magnífica como objetivo de observación, pero al mismo tiempo constituyó una dificultad para el trabajo de cielo profundo.
Con aproximadamente el 70 % de su disco iluminado, dispersaba suficiente luz en la atmósfera como para elevar considerablemente el fondo del cielo.
Objetos difusos como nebulosas y galaxias pierden contraste bajo estas condiciones.
La experiencia permitió comprobar directamente por qué la planificación de una observación de cielo profundo debe considerar también la fase, posición y horario de la Luna.
La Nebulosa de la Hélice: observar el futuro de una estrella
Uno de los objetivos de cielo profundo registrados durante la práctica fue la Nebulosa de la Hélice, NGC 7293.
Se encuentra en dirección a la constelación de Aquarius y es una de las nebulosas planetarias más cercanas conocidas, situada aproximadamente a unos 650 años luz de nosotros.
A pesar de su nombre, una nebulosa planetaria no tiene relación con la formación de planetas.
Representa una etapa avanzada de la evolución de una estrella de masa relativamente baja, semejante, en términos generales, a la evolución futura que experimentará nuestro propio Sol.
La estrella progenitora expulsó progresivamente sus capas exteriores, mientras que en el centro permanece su núcleo caliente, destinado a evolucionar hacia una enana blanca.
Su intensa radiación ultravioleta ioniza el gas previamente expulsado, haciendo visible la gran estructura que conocemos como Nebulosa de la Hélice.
Aquella noche, el brillo lunar dificultaba la observación visual de un objeto tan extenso y de bajo brillo superficial.
Allí resultaron especialmente útiles los sistemas de observación asistida electrónicamente.
Alfa Centauri: de un punto de luz a un sistema estelar
Otra de las observaciones realizadas durante la noche fue Alfa Centauri, perteneciente al sistema estelar más próximo al Sol.
Para los participantes resultó especialmente útil como ejercicio de observación estelar, porque obliga a trabajar cuidadosamente el enfoque, el centrado y la estabilidad de la imagen.
Este tipo de objetivo permite comprobar por qué un buen seeing resulta tan importante.
Cuando la atmósfera es estable, las imágenes estelares aparecen menos agitadas y es posible aprovechar mejor la resolución proporcionada por el telescopio.
Cuando la neblina alcanzó los 1100 metros
Hacia el final de la sesión comenzó a producirse un cambio evidente en las condiciones del cielo.
La neblina que afectaba Lima avanzó progresivamente hacia el interior del valle del Chillón y terminó alcanzando nuestra estación, situada aproximadamente a 1100 metros de altitud.
La transparencia comenzó a deteriorarse rápidamente.
Las estrellas más débiles fueron desapareciendo progresivamente, mientras el fondo del cielo adquiría el aspecto característico de una atmósfera cargada de diminutas gotas de agua.
Esta evolución resultó particularmente interesante porque las previsiones habían mostrado buenas condiciones de estabilidad atmosférica.
No existía ninguna contradicción.
El seeing podía haber sido muy bueno durante buena parte de la sesión, mientras que la llegada de neblina reducía posteriormente la transparencia hasta hacer imposible continuar con el programa previsto.
Saturno quedó para una próxima noche
Saturno estaba previsto como uno de los últimos grandes objetivos del programa.
Sin embargo, cuando llegó el momento adecuado para intentar su observación, la neblina ya había alcanzado la estación.
La pérdida de transparencia fue suficientemente importante como para impedir observarlo en condiciones útiles.
Saturno no llegó, por tanto, a ser observado durante esta salida.
Tampoco existe registro fotográfico del planeta correspondiente a esta sesión.
Más que un fracaso, este desenlace fue una auténtica experiencia de astronomía de campo.
No todas las noches terminan exactamente como fueron programadas.
La experiencia más importante: observar por uno mismo
El propósito de esta salida no era simplemente que los alumnos miraran objetos seleccionados por un instructor.
Para la mayoría, significó pasar de la explicación y la simulación a una experiencia directa de observación.
Fue necesario elegir el lugar, instalar los equipos, nivelar las monturas, orientar y alinear los telescopios, seleccionar objetos, enfocar, seguirlos, interpretar lo observado y modificar el programa cuando cambiaron las condiciones atmosféricas.
También pudieron compararse diferentes maneras de aproximarse al cielo: la observación visual, los telescopios computarizados GoTo, el Schmidt-Cassegrain llevado por uno de los participantes y los sistemas inteligentes Seestar S30 Pro y Seestar S50.
Una noche real de astronomía
Cerca de las 21:00 horas, con la neblina ya instalada sobre el lugar, comenzó el desmontaje de los telescopios y de la estación de observación.
Saturno quedó pendiente para una próxima salida, pero se había podido desarrollar prácticamente todo el resto del programa.
Venus había mostrado su fase.
La Luna había permitido recorrer visualmente mares, cráteres, tierras altas y el espectacular relieve próximo al terminador.
Alfa Centauri había servido para trabajar la observación estelar.
Y la Nebulosa de la Hélice nos había permitido llevar la mirada desde nuestro sistema solar hasta una de las etapas finales de la evolución estelar.
Para muchos participantes, sin embargo, el resultado más importante de la noche fue mucho más sencillo:
era la primera vez que instalaban, utilizaban y comenzaban a dominar un telescopio bajo un verdadero cielo de observación.
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Texto:
Barthélemy d'Ans
· Instituto Peruano de Astronomía
&
Planetarium María Reiche.
Registros fotográficos:
archivo de la salida de campo
y participantes del taller.
Actividad:
Segunda Edición
del taller
«Aprende a usar un telescopio».
Fecha:
domingo 20 de septiembre de 2026.
Lugar:
Santa Rosa de Quives,
Lima,
Perú.